Una visita al cielo y los castillos de Jaén

Relato de los fundadores

Para nosotros el cielo es muy importante. Nos gusta observarlo y deleitarnos con él sobre todo en plena noche. Tenemos la impresión de que nos acoge en un sus brazos, nos relaja y de alguna manera nos muestra una pequeña parte de su amplitud. Es en ese momento cuando la inmensidad del cielo se precipita ante nosotros, cuando la luz de las estrellas se vuelca y parece que nos transmiten un mensaje que intentamos descifrar cada noche.

Este pensamiento nos ha hecho recordar nuestra visita a Hornos hace unos meses, cuando estábamos haciendo una ruta por la Sierra de Cazorla. De vez en cuando conseguimos escaparnos y visitar rincones recónditos de nuestra provincia Jaén. Y es que no es muy conocido, pero en la provincia de Jaén se da una de las mayores concentraciones de castillos por kilómetro del mundo, junto con Siria y Palestina. Solo hay que perderse un poco para encontrar torres, atalayas y fortalezas que tuvieron una gran importancia gracias a su ubicación estratégica durante las batallas entre musulmanes y cristianos en los tiempos de Al-Ándalus.

Tras pasar un fin de semana de ruta por la Sierra de Cazorla, decidimos acercarnos a la Sierra de Segura para finalizar nuestro viaje. Nuestra última parada fue el municipio de Hornos, una encantadora villa medieval con calles estrechas y empinadas que llegan hasta su castillo. Mientras paseábamos nos encontramos con un agradable sorpresa, un balcón con unas espectaculares vistas al pantano de Trancos al atardecer. Todo allí se entremezclaba: los tejados cerámicos, el mar de olivos y el pantano. La esencia jienense en estado puro. El plan no podría mejorar.

Pero nos equivocábamos. Esa misma noche teníamos reservada una actividad astronómica, ofrecida por Cosmolarium, situada en el propio castillo de la localidad de Hornos. Al parecer este era un enclave ideal para el Astroturismo debido a su altitud, a la baja contaminación lumínica, su extenso campo visual y la poca densidad de población.

Nada más llegar hicimos un pequeño recorrido por las salas del castillo, que conformaban una pequeña exposición astronómica. Pero el cielo no se hizo esperar. En cuanto cayó la noche y la oscuridad se hizo presente, el cielo estrellado se abrió ante nosotros. Un grupo de perseidas aparecieron y deambularon ante nuestros ojos para hacernos sentir como niños. Aunque las perseidas no nos habían abandonado del todo, un grupo de astrónomos procedió a darnos una charla sobre las constelaciones y las estrellas. Puede que para ese momento viviéramos ya en el espacio. Como colofón final pudimos utilizar el telescopio de las instalaciones para ver de cerca Venus, Júpiter y un espectacular Saturno, que bailaba con su anillo. Casi pudimos tocarlo y movernos con él. Fue una velada inolvidable, que nos acercó un poco al cielo de Jaén, ese cielo que tanto nos gusta y que queríamos compartir con vosotros.